La culpa (inexistente) del guardaespaldas de Adam

 

Advirtió y protegió a Adam, pero al final no pudo variar su destino. / Foto Obed Betancourt

La primera pregunta que deseaba hacer fue hecha al final de la entrevista. Hacerla antes pudiera haberle impedido continuar, molestarse, o recordar demasiado dolor o creer que el periodista comenzó con la pregunta equivocada, en mal momento, muy dura, injusta tal vez, y justo antes de empezarla podría terminarse la entrevista. No me tomaría ese riesgo, no ahora que le tenía de frente y podría aportar detalles sobre uno de los asesinatos que más ha tardado en encontrar justicia y de los más ventilados públicamente, por varias razones, entre ellas porque la principal acusada evadió en Italia durante cinco años la justicia, porque tomó dos años adicionales excarcelarla de España, donde fue arrestada, porque pasaron sobre la Isla varios huracanes, porque la defensa planteaba moción tras moción, algunas para rescindir la representación de los acusados, entre ellos una abogada de la principal acusada, otras mociones presentaban a la nueva defensa y en algún caso pedía una suspensión para prepararse, a veces de un tiempo ridículamente extenso, pero sobre todo porque, parecería, ninguno de los abogados quería ver realmente el caso, que finalmente perdieron.

¿Tienes sentimientos de culpa por lo que le pasó a Adam, siendo tú su guardaespaldas? Carlos Tirado no estaba con él cuando lo mataron la madrugada del 23 de septiembre de 2005. Pero ese fue uno de esos pocos momentos en que no estuvo con él. Y no estuvo porque Adam Joel Anhang Uster lo relevó temprano esa tarde de sus tareas de guardaespaldas, precisamente porque saldría con su esposa Aurea Vázquez Rijos, a quien le haría una oferta de divorcio que no podría rehusar. Pero no solo la rechazó, sino que esa noche puso en ejecución su plan para matarlo.

“Yo bregué con eso por tres años… a mi me tomó tres años el dejarme saber a mi mismo que no había nada que yo pudiera hacer. No fue fácil (superar el trauma), no solo por el cliente, sino por mi amigo. Yo quería mucho a Adam. El era un chamaquito más joven que yo. Le cogí cariño, era una persona bien sana, una persona que veía el mundo muy distinto a como lo veíamos nosotros, y no merecía eso (su asesinato). Adam no tenía una onza de malo. Hay gente que se merece cosas así, Adam no”.

Insisto en la pregunta. Ha dado un rodeo para evitar hablar de sus sentimientos y recae en hablar de Adam, de su persona. No es el único, todas las entrevistas que he hecho en torno a estos acontecimientos, en todos los documentos, testimonios leídos, transcripciones de deposiciones, y otros, al final, de alguna manera, solo se habla de las cualidades personales del joven asesinado. Era, como se le conoce en Puerto Rico a este tipo de carácter, un buen tipo, era sencillamente su naturaleza. No soy terapista, no hago la pregunta para lograr una catarsis de sanación. Es simple curiosidad humana.

Al final de la entrevista se verá que el testimonio de Tirado fue importante, al revelar detalles nunca antes conocidos y que leerán a continuación. Por eso mi insistencia final. Me interesaba saber qué se siente ser víctima de la mala fortuna, del destino, de sus ironías. Son cosas que se guardan en la cajita de los sentimientos, no en el cerebro. Las personas deben enterarse cómo se lidia, si acaso es posible hacerlo, con una derrota que no se le puede atribuir, aunque no deja de ser de uno, personal, y siempre, de alguna manera, lo será; a un fracaso que sucede a pesar de que se ha dado todo el esfuerzo posible para no fracasar. No fue el único que sintió ese fracaso como si le cayera de momento una losa pesada sobre sí, pienso en la familia y los amigos, sobre todo en su amigo y socio Roberto Cacho, quien tanto hizo por protegerlo.

“Me sentí bien culpable el primer año. Poco a poco tuve la oportunidad de hablar con mucha gente que me ha ayudado a bregar con ello, tú sabes. Y son 15 años (13 exactamente del asesinato de Adam) y todavía de vez en cuando me tengo que sentar… Sé que después de ello he hecho todo lo posible para que se sepa la historia de lo que pasó y quién era ella. Yo no quería que ella saliera (del juicio) como una persona inocente, una víctima de la situación, porque ella no era una víctima de nada. Ella creó todo esto. No creo que ella entró al matrimonio con la idea de que terminara así, ella entró con la idea de sacarle todos los chavos”. Es algo, como muchas otras, que repetirá.

He notado que de cierta forma todos buscan una manera de expiar la muerte de Adam, se sienten un poco o mucho, culpables. Una reciente entrevista con Jorge Aponte, el investigador contratado por Adam para que vigilara a su esposa y le remitiera informes periódicos, dejó ver un buen grado de impotencia al no poder variar el curso del destino. “¡Fue ella, fue ella!”, reaccionó cuando una llamada esa madrugada lo enteró  del asesinato. Más que apuntar al culpable, ese grito era de impotencia. Sabía que podía suceder y ocurrió. Los amigos, la familia, ahora su guardaespaldas, trataron de impedir lo que temían, y que desde entonces se convirtió en una pesadilla, la peor de todas, la que ocurrió. La pesadilla del asesinato de Adam se había convertido en un recuerdo más de estas vidas, como quien se acuerda de su matrimonio, del nacimiento de un hijo, de su graduación. Esa pesadilla ya formaba parte de sus recuerdos.

Carlos Tirado fue por varios meses el guardaespaldas de Adam Joel. Una casualidad que añadió ironía a lo inevitable es que sabía quién era Aury Dominicci, como se le conoció en ciertos círculos donde circula la mercancía sexual de cierto refinamiento, aparente al menos. Nunca tuvo tratos con ella, solo sabía lo suficiente por voz de varios amigos.

Llegó a ser el guardaespaldas por haber sido infante de marina, ese cuerpo militar de élite entrenado para no dejar piedra sobre piedra cuando se le invoca, y porque le convocaron fuerzas mayores que apreciaba. Ahora tiene 59 años, aun se mantiene en suficiente forma física, asegura, para defenderse y defender a quien lo necesite, dice Carlos, que despega sobre 6 pies del piso. Pero a los 46 años, cuando Adam Joel lo contrató, mantenía el pick de su condición y estaba armado. Ya no trabajaba en seguridad, como lo hizo en el aeropuerto internacional de Isla Verde para Eastern Air Lines en la década de 1980, o para varios artistas, amigos y gente que le necesitaba, y hasta llegó a entrenar un cuerpo de seguridad privada para un promotor. Se dedicaba, y todavía, a ser un reputado site management, que viajó el mundo, con artistas como Chayanne, al Festival de Viña en Chile, o con Luis Miguel y Alejandra Guzmán en México, donde vivió un lustro, de la década que estuvo fuera de la Isla. No le interesaba mucho dar protección y seguridad, ya no, dice durante la entrevista. Pero luego de un percance en México antes de salir del país, en pleno aeropuerto la fortuna quiso que conociera al abogado Alfredo Castellanos. Esta amistad, ya en Puerto Rico, le permitió asociarse con empleadores que estimaron su trabajo de organización, entre ellos Roberto Cacho, que utilizó esas cualidades para los desarrollos que entonces tenía, entre ellos Martineau Bay, en Vieques, revela quien no tiene problemas en conversar extensamente.

Es locuaz Tirado y demuestra una buena memoria cronológica. En esta entrevista no se le pidió que explicara los tatuajes que exhibe en ambos antebrazos. Posiblemente arrojen luz sobre su carácter. Es así en aquellas personas que lo hacen, forman a veces hasta una cofradía de tatuados y veneran a los mejores tatuadores, sus técnicas, los simbolismos, y entre ellos mismos. Tampoco el aro en su oreja izquierda fue objeto de explicaciones. No había nada que decir sobre eso. Yo, como él, crecimos en la época en que esos accesorios eran rutinarios, y con justificaciones distintas a las que tenían los marinos mercantes. Eran pura rebeldía, entonces. Hoy son moda.

No lo dice pero a medida que habla de las tareas que ha realizado evidencia que es una persona a la que le han sido confiadas muchas funciones que realiza con orgullo. Y que no le gusta fallar en los resultados.

Carlos logró mucha afinidad con Adam y lo llegó a conocer bien, una suerte otra es que ya hubiese conocido a Aury Dominicci, como era conocida en su campo, antes de que esta conociera y se casara con Adam

El juicio de Carlos sobre Adam Joel no acepta apelaciones, y le añade cualidades a través de toda la entrevista, o las repite, o insiste en ellas. “Era un muchacho sano, un muchacho bueno, muere a los 33 años, en 2005. Tendría 30 cuando decidió quedarse aquí en la isla. Inocente, ingenuo, criado en los suburbios, no tenía malicia de ningún tipo”.

Sabe que la pregunta obligada, por contraste, será sobre Aurea, a quien conoció antes que a su empleador, y tal vez por eso quiera hacer más duro el contraste.

“Conoció (Adam) a Aurea Vázquez Rijos, que nosotros ya conocíamos como Aury Dominicci, en una fiesta de Roberto en Vieques. Ella venía con un amigo nuestro que la trajo como decoración”.

“Hasta donde yo sé, él la conoce en esa fiesta”, insiste cuando se le hace ver que hay otras versiones sobre en dónde es que la conoció por primera vez. Otras versiones dicen que la conoció en el restaurante Ají, en el Viejo San Juan.

“La persona que la llevó a la fiesta, (da el nombre y lo omitimos), que en paz descanse, la lleva a la fiesta en casa de Roberto en Vieques, donde estaba Adam, y lo conoce. Algunos allí también la conocen, pero solo después es que caen en cuenta quién es ella. La llevó (a la fiesta) pero la soltó allí, la llevaba como un florero para que se viera linda la fiesta. Ella empieza a salir con él (Adam) y Roberto de momento se da cuenta que hay mucha presencia de la muchacha y me llama y me dice:

-Coño Carlos, tienes que hablar con Adam porque esta mucha se le ha pegado. (Sabía Cacho su historial.)

-Pues está bien, yo hablo con Adam.

Le explico a Adam. A ese momento, lo único que sabíamos de Aury era la historia que nosotros teníamos de cómo la conocí, o de cómo mi grupo la conoce”.

Revela que en una ocasión, previo a la fiesta en Vieques, Aury llegó a un restaurante en Punta Las Marías acompañando a un promotor de rap, “grande, gordo”, y este se la presenta al dueño del restaurante, que es amigo de Carlos y quien le contó la anécdota.

“Por los próximos tres días esa nena se presentó sola a la hora del mediodía y le hacía ojitos y cucas monas al dueño del restaurante, e insistiendo en eso. El va donde ella, más bien para ver de qué venía la cosa, y ella le dice que es que él es idéntico al hermano de Marc Anthony y que ella había trabajado con ellos en Nueva York y y tú eres tan interesante y esto y lo otro. Entonces él la invita a un fin de semana en Rincón a un apartamento de él y ella le dice que sí. A todo esto, ella no sabe que él es un pela´o como todos nosotros, no somos gente de millones ni muchas propiedades, no hay mansión, ni yates. Solo lo que trabajamos. No vivimos mal, pero no es lo que ella estaba buscando”.

Días más tarde otro amigo llama al del restaurante, “pero este es de billetes de verdad, y le dice: mira (da el nombre del dueño del restaurante), conocí a esta muchacha y la invité a las Isla Vírgenes este próximo weekend en el yate de los viejos, pero me dijo que no sabía si podía ir porque tenía un compromiso contigo en Rincón. Y mi amigo le dice: tranquilo, brother, llévatela. Yo no le puedo dar a esa mujer un weekend de yate y eso, llévatela. Muy poco tiempo después, Aury llama a mi amigo y le dice que no puede ir a Rincón”.

Según se cuenta la historia, lo hizo con un verdadero drama, llorando. Ese drama ya se vio cuando, durante el juicio, Aurea se sentó en la silla de los testigos y con mucha fuerza y control y sentimiento, habló de cuánto amaba a Adam, un love story igual de meloso e increíble.

-(Llorando) “No puedo ir contigo este fin de semana al show porque se murió mi abuelita. No voy a poder ir”.

-Mira, no tienes que matar a tu abuelita. Ya mi amigo me llamó y me dijo que te invitó a las islas, para el yate. Yo le dije a él que no había problemas. No hay necesidad  de matar a tu abuelita. Vete tranquila.

Nunca volvió a aparecer por el restaurante de mi amigo.

Otro amigo de nosotros la llevó a cenar a un restaurante en el Viejo San Juan y allí descubrió que ni siquiera sabía qué cubiertos usar. Eso es lo que sabía de Aurea y de momento aparece con Adam”.

Y se lo advirtió bien al principio de la relación:

-Mira Adam, esta es la persona, esto es lo que está buscando”. Pero Adam creyó que tenía un arreglo con Aurea, y no se desenchufó a tiempo.

Más adelante ella le plantea que no le es fácil verle porque no tiene transportación, y él le compró un Volkswagen, color crema. No era un modelo del año, pero bastante nuevo.

Hasta que, cree Carlos, ella da un golpe magistral, impensable, astuto. Yo diría que maravilloso, si pensara en Pretty Woman. Pero esta es la realidad, esa que no mantiene el brillo del celuloide, la que se deteriora. 

En algún momento ella declina seguir cobrándole porque supuestamente ella no lo hacía por dinero, sino por amor. Extraordinaria movida, un gambito, esa jugada estratégica del ajedrez en la que se sacrifica una pieza para obtener una posición, una ganancia, irreversible. Ella ofrece sacrificar el dinerito que devengaba de Adam Joel para que caiga en el pescaíto. Luego obtendrá mayores beneficios. Es el momento en que ella despierta el romance en Adam, y empiezan a salir formalmente.

“Nosotros estamos cortados… Ella no me quería alrededor de él, sabe que yo sé su historia”, recuerda. Para esos días Carlos acabó su trabajo en Martineau Bay y no vuelve a estar cerca del grupo, sino dedicado a otras cosas. Hasta que la coincidencia volvió a juntarlos muy brevemente.

“Una tarde llego al Registro Demográfico a hacer unas gestiones y me encuentro casualmente con Adam y Aurea. El se acerca y me da unas explicaciones de lo que hacía allí sobre certificados de nacimiento, qué se yo. En ese momento yo no había caído en cuenta que en el Registro no solo se sacan certificados de nacimiento, sino la licencia de matrimonio. Eso es lo que hacían, porque tiempo después me llama Cacho y me dice que Adam se había casado, para sorpresa de todos nosotros con Aurea”, asegura.

Ya entonces el Volkswagen no es suficiente y le compra una Cayenne blanca, porque la Cayenne de Ileana, la esposa de Cacho, es de color negra. Quiere vivir en una mansión y alquilan Yardley Place, “porque ella tenía que estar a la altura de la esposa del socio”, quería realmente estar a la altura de Ileana, sin saber que esta mujer ya tenía una carrera hecha desde siempre, por sí misma, conocida, respetada.

Sin embargo, a las dos semanas de haberse casado, Adam llama y contrata a Carlos. ¿Qué carajos pasó aquí?, se habrá preguntado Carlos, sin que me lo diga. Le pagaría un fee mensual para que esté disponible cuando lo necesite, es decir, estará stand by, y le pone un teléfono celular para que reciba sus llamadas.

“A principios de abril ya tiene sospechas de ella y su familia”, dijo Carlos.

La versión de un tercero, que Carlos nunca pudo corroborar de otras fuentes, ilustran sin embargo el ambiente en el hogar.

“El día después de la boda ella se fue de party con un conocido reguetonero (me da el nombre) y sus amigos, y las chicas de Aurea. Acabadita de casar”. No se sabe qué exactamente hacía Adam, pero se presupone que estaba trabajando. 

Aurea había mudado a toda su familia a la casa: a su madre Carmen, a su hermana Marcia y su novio José Ferrer Sosa (ambos convictos, al igual que Aurea, por el asesinato de Adam), y al otro hermano, Chalbert.

“Adam les temía. Ellos se reunían y conversaban en español en la cocina y cuando él se acercaba, todos callaban. Eso le causaba sospechas y molestias. No sabía de qué hablaban”, son los recuerdos de Carlos de lo que le decía su amigo.

Además, agrega Carlos, “ella continuó su trabajo (de dirigir la red de chicas de compañía).

El guardaespaldas se mantuvo on call de Adam hasta una semana antes de que este decidiera abandonar la casa en Ocean Park. Desde entonces, estuvo desde el despuntar del día hasta la tarde, un full time job normal de ocho horas de trabajo.

“Una semana antes de abandonar Yardley Place e irse a vivir al apartamento, me pide que esté con él full time. Ni siquiera mudarse fue fácil. Nosotros conseguimos dos muchachos y un camión y nos mantuvimos stand by para mudarlo en la ocasión más oportuna. Tardamos cuatro días en lograr esa oportunidad, que sería cuando no hubiese nadie de la familia de ella en Yardley Place. En ese momento que encontramos que no había nadie, entramos como pillos en la propia casa (como entrar subrepticiamente a la casa de uno mismo), vaciamos todo lo que era de él a las millas, como ladrón en la noche. Adam quería evitar el show (que esa familia le podía montar), y el dolor de cabeza. No se hicieron maletas, las cosas de él las tiramos en el camión (por la prisa) a lo wipipío. Ni siquiera nos llevamos las obras de arte de él (por la prisa, y nunca supieron el destino de ellas). El quería salir de allí ya, no quería confrontación ni que estuviésemos allí cuando regresara la familia. Así era el miedo”.

Adam se sentía amenazado, tenía a toda la familia de ella viviendo en la casa, hablaban en español y ellos sabían que él no entendía, y él entraba a la cocina y todo el mundo se callaba la boca, ella continuamente le pedía más y más dinero. El le monta Pink Skirt y le daba $6,000 mensuales, sin tener ella que pagar nada, él pagaba todos los gastos. Y no era suficiente”, declaró el ex marine.

Para ilustrar hasta dónde llegaba la dependencia de la familia de Adam, y luego contrastarlo con lo que le hicieron, Carlos informó que el empresario canadiense le llegó a pagar a Chalbert $9,000 de préstamos o deudas estudiantiles que este tenía, “para que no se le afectara el crédito porque el muchacho no tenía con qué pagar sus préstamos. Adam creía que mantener el crédito era muy importante”. Evidencia de conocer bien el negocio.

También, Carlos se enteró que en el tiempo en que Adam abandonó su casa en Yardley Place en el verano de 2005, el lugar se convirtió en una fiesta permanente, con sus típicas discusiones en medio de la calle de personas desconocidas, para asombro de los vecinos.

Llega entonces en el verano “la época del vaivén”. Lo dice Carlos como si fuera un período establecido en el calendario, como la época de las lluvias, la época de huracanes. La “época del vaivén” suena a vientos fuertes del norte, fríos, que van y vienen. “Y entonces empieza la odisea de atrás y palante del divorcio. Ella se le metía en el apartamento y le echaba un polvo para contentarlo, y él quería divorciarse”.

La determinación de Adam de divorciarse lo ejemplificó la asistencia a la terapia. Ella debía resolver el entuerto, crear el ambiente positivo e inevitable de la separación.

En esa “época” del vaivén, Adam le presta el auto a Aurea para algunas salidas. A su devolución, entra Carlos para limpiar la escena, porque descubre que hay escondidas bolsas de cocaína. La interpretación de Carlos y Adam es que se dejaban allí para hacer una denuncia anónima a la Policía e involucrarlo en drogas, dañar su reputación, obligarlo a ceder, darle duro para ablandar su osadía de divorciarse de ella, tan mujer, tan única. Narcisista fue la descripción sicológica que utilicé en mi libro Las sangres que lloran, sobre estos acontecimientos, con lujo de detalles.

A esta época Carlos también le llama la “odisea del divorcio”. Todos conocemos los sufrimientos de Odiseo para regresar a su hogar en Ithaca, junto a su esposa Penélope, que le esperaba. Tardó 20 años en llegar. Y al llegar tuvo que desafiar a todos para recuperar a su mujer, que era su objetivo, y lo logró en competencia de arco y flecha, las que usó también para acabar con sus enemigos.

Adam pasó los mismos sufrimientos, grandes enfrentamientos en el mundo exterior y también en su mundo interior, donde sentía que naufragaba, a pesar de su amor por el agua. La contratación de Carlos para que le protegiera, su salida de Yardley Place, comenzar negociaciones de divorcio para evitar que fuera nasty, acudir a una terapista profesional para crear el ambiente que le permitiera salir de la relación sin romper con ella drástica ni cruelmente, y presentar su divorcio el 21 de septiembre demuestran que su Penélope, su objetivo, que era la libertad, estaba encausada con raciocinio, con planificación. Pero, contrario a Odiseo, que se amarró al mástil del barco para evitar sucumbir a los cantos de sirena, Adam, como si nuevamente se convirtiese en el primer ser humano sobre la tierra, sucumbía una y otra vez a la manzana que Aurea-Eva le ofrecía. Aurea se había convertido a lo largo de los dos años de relación en una sirena llamada Eva. No obstante, el llamado de Ithaca, donde le esperaba una Penélope llamada libertad se imponía, poco a poco. La decisión estaba tomada, solo que el camino no era exactamente lineal. Pero así son todos los caminos, sabe la gente que se establece objetivos, la gente de a pie.

Entre el verano y septiembre Carlos se mantuvo con él en su horario de trabajo. Llegaba a su oficina a las 8:00 de la mañana en Condado y se iba al caer el sol, le manejaba el vehículo, iba con él a los lugares, donde se invisibilizaba para todos, menos para Adam. Eso lo convierte en un buen guardaespaldas. No se convierte en el primer blanco del atacante, sino que, oculto, podía permitirse caer sobre el agresor.

“Eramos amigos y yo estaba armado”. Curiosa relación la que establece el guardaespaldas. Ya tiene más razones para defenderlo.

“Adam era un muchacho sano, bueno, preocupado por la Isla, por sus problemas. Se había enamorado de esta isla y la quería ver progresar. La amaba, bebía muy poco alcohol y solo socialmente. Daba su clase en Penn State y regresaba. Cuando él salía a dar la clase ella se quedaba con el carro. Ahí es cuando yo lo revisaba. Ese fue nuestro diario vivir. No hablábamos de ella. El tenía una visión de desarrollo para la Isla. Adam era callado, no eraoutgoing, era serio, entraba a un salón y se quedaba callado, tranquilo, y cuando se hablaba de negocios entonces despertaba y era un capitán. Dominaba las matemáticas como nadie”. Son expresiones de admiración, era su amigo, recordemos, y estaba armado.

Carlos, de cierta manera, apesadumbrado por esa fidelidad que mostró Adam a Aurea, dijo que hubo “muchas muchachas bonitas, profesionales y decentes” que estaban interesadas en él, pero a las que no prestaba atención porque estaba casado. Por supuesto, agregó, ellas tampoco se le mostraban porque estaba casado.

El no podía tener referentes claros para darse cuenta inicialmente de la clase de muchacha que era Aurea, “trepadora” la llamó Carlos, porque provenía de una cultura distinta. No logró ver las diferencias entre aquellas muchachas “decentes” que se fijaron en él pero respetaron su estado marital, y Aurea. Con el tiempo lo hubiese logrado, tal vez, porque en ese terreno de los sentimientos Adam se sentía como pez fuera del agua.

“Ella nos superó a todos nosotros en astucia. Una artista”, reconoce Carlos. Mentía. “Decía cosas que solo a peces viejos (como a la gente de su grupo de amigos) no enganchan”. Como cuando le decía a su amigo dueño de restaurante que se parecía a Marc Anthony, del cual fue asistente. El amigo se reía, pero si soy hasta calvo. Ya la había calado.

“Ella se había montado en yates, ella había salido a comer con gente (de dinero). Ella había buscado cada tipo con chavos en esta isla y todo el mundo la echaba para el lado porque se daban cuenta de lo que era, se daban cuenta de lo que estaba buscando y lo que estaba haciendo.

-¿Qué era?-

-Una trepadora

-¿Qué estaba buscando?-

-Dinero. Dinero, dinero, dinero.

Para Carlos, al final del día ella mostró ser realmente “bruta”. De hecho, para Carlos, que no se ahorra los epítetos, eso era ella. Logró la fácil parte de conspirar para asesinar a Adam, pero no pensó en todas las implicaciones y complicaciones que una muerte como esa trae. El manejo de la situación después de matarlo, como ir a buscar los vehículos para llevárselos a su casa fue estúpido. “¿Qué iban a hacer con los carros, si eran un lease?, ¿qué iban a hacer con las cuentas de Adam, cómo iban a acceder a ellas? Demostraron poca inteligencia”.

La admisión, sin embargo, de que no creía que llegara tan lejos como contratar el asesinato de Adam, es todavía una piedra en el camino de Carlos de liberarse de la culpa. Una nube oscura. Ajena, pero que logra encubrir ciertos días. No lo creyeron posible, aunque sabían de lo que era capaz. Sólo Cacho creyó que ella era capaz de matarlo, aunque más por percepción, porque hacerle daño todos sabían que podía y trataría. Pero ordenar el asesinato es otro nivel, otro mundo, otra cosa casi impensable.

Carlos no cree que Aurea se casó con Adam con la primera intención de matarlo. Sí se casó “con la intención de sacarle todo el dinero que pudiera”, asegura. Y recordemos que ya se lo había advertido, cuando Cacho le pidió que hablara con él, mucho antes de casarse, cuando apenas estaban saliendo. En algún momento, en su desesperación por el divorcio, Aurea y su hermana y el novio de esta, y otros más de la conspiración no acusados, decidieron que ese era el mejor camino para ellos lograr su vellocino de oro, porque esta historia, y repasen los mitos, se entrecruza con la de Odiseo.

La Mentira, esa diosa de la ocultación, hizo nuevamente su aparición en la “época del vaivén”. Luego que él abandonara el hogar, Carlos señala, Aurea se presentó a Adam con una prueba de embarazo. Y le dijo que estaba embarazada de él. Era su desesperación para que él no se divorciara. Esa prueba la dejó inadvertidamente en el apartamento de Adam. Y la enviaron a análisis. “El ADN no era de él, tampoco de ella”,  llegó con una prueba de embarazo de una amiga, aseguró el guardaespaldas, al que se le ha dado voz para que revele las intimidades que vio en los últimos días de Adam que, como hemos visto, lució como un general en su laberinto. Carlos se convirtió en el ayudante de campo Daniel Florencio O´Leary de este Bolívar de las finanzas y los negocios. Y, como se sabe, ambos lo perdieron todo al final de sus días.

En algún momento de ese verano de 2005, la “época del vaivén”, Carlos lo llevó de emergencia al Hospital Auxilio Mutuo, donde estaba recluida Aurea, quien lo llamó porque supuestamente se encontraba en estado grave. La versión conocida de esta situación es la de Aurea, relata Carlos. Nadie investigó si hubo una realidad alterna, más cerca de los hechos, posiblemente. Resultó que ella se había hecho una liposucción de cuerpo entero que por poco la mata. Y estaba en emergencias médicas del hospital, muriéndose. Ella le dijo a Adam que se la había hecho porque creía que se estaba poniendo gorda y quería mantenerse bella para él, y que no hubiera otra mujer que le llamara la atención.

“Sus manipulaciones continuaron. Trató todo lo que su pequeña mentecita podía imaginar para tratar de que él no la dejara. Ella lo trató”.

“Ella no es inteligente, tiene astucia”, reitera en varias ocasiones, más bien molesto por no haber podido adelantarse a los hechos que luego ocurrieron, como un destino, como una flecha en el aire camino a su objetivo. Por no haber podido detenerla en el aire, por no haber podido evitar que fuese lanzada. “Ella no es inteligente, pero sí es peligrosa, tiene astucia de calle, falta de moral, avaricia y el arma del sexo. Yo sabía que era peligrosa, siempre pensé que podía mandar a darle una pela o destruirle su reputación, que podía hacerle daño. Pero yo la veo por lo que es, una morona que solo sabía usar el sexo para sus fines. No pensé que lo mandaría a matar”.

Cree ver evidencia en su argumento en los hechos posteriores al asesinato. “Ellos no tuvieron ningún plan, fuera de matarlo. Tenían planeado hasta el día que lo mataran, lo demás se lo sacaron de la manga, como buscar los carros, meterse al apartamento a sacar las cosas de Adam”. Que no lograron, por cierto, pues ya los amigos de Adam estaban allí.

Y puesto que no cree que ella fuese capaz de urdir todas esas tretas, engaños, mentiras, que continuaron luego de la muerte de Adam Joel, asume con gravedad que hay co-conspiradores no acusados en el asesinato de Adam.

Carlos indica que Aurea utilizaba el sexo como instrumento de dominación y para lograr sus objetivos, como también lo utilizó en Italia para lograr su permanencia y matrimonio en el país, al procrear las gemelas, como lo utilizó cuando estaba encarcelada en España, para tratar de que no la extraditaran.

Mientras, su hermano Chalbert, dicho por la propia Aurea durante su testimonio en corte, ayudó a alterar documentos que le servirían a Aurea para evadir la justicia mientras estuvo en Italia. Chalbert, además, está acusado de ayudar a una fugitiva, es decir, Aurea, y espera juicio. De la madre nada se ha dicho, excepto una versión que me llegó cuando investigaba en 2008 los hechos en el caso de Jonathan, el inocente acusado y convicto erróneamente por este asesinato en 2007, de que Carmen “había bajado a La Perla con ellos”. Eso está por confirmarse aun.

“Toda esa gente (familia) estaba allí. Me sorprendió muchísimo que a esa señora no le radicaran ningún tipo de cargo”. Esa es una opinión que comparte con otra gente que investigó o estuvo cerca de estos hechos, en torno a la figura de Carmen, la madre de Aurea, Marcia, Chalbert, todos acusados en la conspiración para asesinar.

“Ella (Carmen) estaba en medio de todo, todo el tiempo. Aury muda a la mamá, muda a los hermanos (con ella a Yardley Place). Esa señora estaba enterada de todo. ¿Me vas a decir que todo el resto de la familia estaba envuelta y la mamá no sabía nada?Al menos me es difícil creer que ella no supiera. No tengo evidencia para saber que ella estuvo envuelta, pero es bien difícil que esta señora, que está en medio de todo eso, que está en la casa todo el tiempo, no supiera algo”.

Doña Carmen, dice, es “la madre de tres arpías”. Y para Carlos, ella es la primera de todas. “Todos ellos se movieron como una unidad, como un grupo. Todos ellos se iban a beneficiar juntos de esto”, de la muerte de Adam.

Por lo menos, “no hay manera de que no sospechara algo”, matiza ahora un poco su declaración.

“Marcia parecía más la asistente de Aurea que hermana”. Dijo que es una mujer con poca voluntad y, de cierta manera, le coge pena.

De esta se me ha dicho algo. La versión que me llegó es que, cuando el jurado dio su veredicto de culpabilidad, Marcia se giró hacia Aurea y le dijo: “todo esto es tu culpa”, y rompió en llanto y caos.

“Si esa noche yo hubiera estado allí, la historia hubiese sido muy distinta. Pero ella, dentro de su sicología boba, logró sus propósitos para alejarme de Adam. Adam sabía que ella me veía y veía al diablo venir. No quería tener nada conmigo”. Así que esa tarde del 22 de septiembre de 2005, Adam despachó temprano a Carlos y le dijo que saldría con Aurea para hacerle una oferta final para el divorcio. Esto sería  darle mucho dinero y dejarle el negocio Pink Skirt.

Sin embargo, para ese último día, cuando vieron a la terapista en la mañana, cuando Adam le dice que la dejaría y Aurea le responde que “no será tan fácil dejarme”, ya tenía ella su plan corriendo.

“El llega de la terapia a la oficina. Yo estoy en la oficina. Trabajamos la mañana y me dice:

-Carlos, necesito que te vayas temprano hoy. Es que Aurea viene a recogerme porque vamos a salir, por lo del divorcio.

-Este no es el mejor momento para dejarte.

-No Carlos, es que Aurea está más receptiva y le voy a hacer una oferta esta noche que va tener que aceptar. Le voy a dar el Pink Skirt, le voy a dar una cantidad de dinero, y ella va a aceptar, pero si te ve a tí no voy a poder discutirlo, y ella está receptiva.

Con su misma sicología boba hizo que él me soltara y cuando ella llegó a la oficina, dejó su carro, pero ella guía el carro de Adam y lo lleva al Viejo San Juan, para asegurarse que él fuera donde ella tenía a su gente. El quería ir a Compostela, que queda por la parada 18, en Santurce. Yo estoy en mi casa, no sé nada”.

La dirección la cambia la supuesta necesidad de ella de pasar por el Pink Skirt o, como arroja mi investigación, comprar una botella de licor que hacía falta en ese negocio, que hizo en el Pueblo ubicado entonces en Plaza de Armas en el Viejo San Juan, y dejarlo en el negocio. Cenan en Dragonfly, y de regreso a recoger el auto en el estacionamiento La Cochera, en la Calle de la Luna, a la altura de la calle San Justo, es asesinado por Alex Pabón Colón, con un adoquín que de tanto golpe le vació el saco de su alma, y a cuchilladas, con un cuchillo de chef, duro, filoso, profesional, que derramó su sangre sobre un pavimento rugoso, viejo, como Abel muerto a manos de su hermano, a traición.

“Y tiene la sangre fría de comer con él y pasar todo ese tiempo con él y después matarlo”, se sorprende y se queja el ex infantero de marina.

Dixie

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