Por Obed Betancourt
A un mes de su elección, mucho se ha dicho sobre el cardenal Robert Francis Prevost, que en su nuevo cargo de Papa adoptó el nombre Leo XIV. Como uno de los cardenales de confianza del Papa Francisco, se le asocia con el temple personal de humildad y de servicio para los sectores más vulnerables que mostró el fenecido Pontífice. Sin embargo, no adoptó el nombre Francisco II, sino el de Leo XIV. Pero, ¿quién fue Leo XIII, con quien Prevost debe haberse sentido identificado y pretende honrar?

El italiano Leo XIII (Papa entre 1878 y 1903) fue, en términos teológicos, restaurador del tomismo (Santo Tomás de Aquino, que concilia la fe y la razón) y defensor de mejores condiciones de vida para los obreros al decretar la primera encíclica social de la Iglesia católica (1891), en la que defendió el derecho de los trabajadores a “formar uniones o sindicatos”. (Rerum novarum: Sobre la situación de los obreros) “Se acepta generalmente que la encíclica Rerum Novarum es la carta de fundación de la democracia cristiana y una pieza clave de la doctrina social de la Iglesia.” Con esa encíclica Leo XIII creó el género de las encíclicas sociales.
No sé si se ha dicho con suficiencia o si se ha dicho siquiera, pero Leo XIII fue una gran muralla contra el antisemitismo en momentos en que, debido al l’affaire Dreyfus, estallaba en Francia y en toda Europa (década de 1890), e incluso en todo el occidente, un sentimiento antijudío imparable, particularmente entre las altas esferas católicas, que buscaban desesperadamente, particularmente en Francia, preservar su influencia política, aliándose con los sectores ultraconservadores, de las fuerzas militares y la aristocracia monarquista, con la esperanza de que un coup d’état les devolviera su poder desgastado por la secularización del estado y las modernas democracias (inestables). La Compañía de Jesús (Jesuitas), por ejemplo, tenía en Francia fuerte ascendencia entre los militares y la aristocracia, y estaban contra el sistema político de la República, promoviendo el regreso a la Monarquía.
“Lo que los jesuitas hacían, gobernando a la aristocracia y al Estado Mayor, lo hacían también con las clases media y baja los asuncionistas, cuyo órgano, La Croix, disfrutaba de la mayor tirada de todos los periódicos católicos de Francia. Ambos centraron su agitación contra la República en torno a los judíos. Ambos se presentaban como defensores del ejército y de la comunidad contra las maquinaciones de la ‘judería internacional’. Más sorprendente, empero, que la actitud de los católicos en Francia fue el hecho de que la prensa católica de todo el mundose alzara sólidamente contra Dreyfus [oficial militar judío de Francia acusado de espionaje, pero en realidad víctima de una conspiración]. Todos estos periodistas marchaban y siguen marchando a la voz de mando de sus superiores. A medida que el caso progresaba, se hizo cada vez más claro que la agitación contra los judíos en Francia seguía una línea internacional. Así La Civiltà Cattolica declara que los judíos debían ser excluidos de la nación en todas partes, en Francia, Alemania, Austria e Italia.”
Sin embargo, el antisemitismo fue detenido por el Papa Leo XIII, afirma Hannah Arendt, a quien he citado. “A finales de 1899, cuando Dreyfus había sido perdonado y cuando la opinión pública francesa había dado un giro por temor al proyectado boicot a la Exposición [Universal de 1900 en París], sólo se necesitó una entrevista con el papa León XIII para detener la oleada de antisemitismo en todo el mundo. Incluso en los Estados Unidos, donde la causa de Dreyfus era particularmente bien acogida entre los no católicos, fue posible advertir en la prensa católica, a partir de 1897, un marcado resurgir del sentimiento antisemita que, sin embargo, se apaciguó súbitamente tras la entrevista con León XIII. La ‘gran estrategia’ consistente en la utilización del antisemitismo como instrumento del catolicismo había quedado frustrada,” agrega la filósofa política.
Los detalles de esas influencias los revela Arendt en su libro Los orígenes del totalitarismo. Donde veo un problema es que la única entrevista a Leo XIII que logré confirmar fue hecha en 1892, y ciertamente habla sobre el antisemitismo, pero no sobre el caso Dreyfus, que empezó a ser investigado en septiembre de 1894 y en menos de tres semanas, el 15 de octubre, el capitán Alfred Dreyfus sería arrestado. Apenas hubo tres días de juicio militar en diciembre y al cuarto fue condenado a una deportación a perpetuidad en la Isla del Diablo, a 11 kilómetros de la suramericana Guyama francesa, por alta traición. Sabemos de la Isla penitenciaria porque ahí también fue condenado el exmarinero Henri Charriére, por un crimen que, por supuesto, no cometió, como si fuese un renovado Jean Valjean (Les misérables, Víctor Hugo). En condiciones infrahumanas, Papillon (“mariposa” en español), como se le conocía a Charriére, escapó de la isla-prisión. Pero a diferencia de otros que escaparon, Papillon no sólo sobrevivió, sino que publicó en 1969 la novela autobiográfica Papillon. Esta fue llevada al cine protagonizada por Steve McQueen y Dustin Hoffman, una joya actoral y musical.
La entrevista a Leo XIII tiene todos los elementos necesarios para ser histórica. Es la primera entrevista de un periodista a un Papa, realizada el 31 de julio de 1892. Y la hizo nada menos que una mujer, la socialista y agnóstica Caroline Rémy, para el prestigioso periódico conservador francés, aunque partidario del republicanismo, Le Figaro. Ésta mujer era mejor conocida por su seudónimo literario Séverine. La entrevista duró alrededor de hora y media. Pasarán 122 años antes que otra mujer periodista logre entrevistar a otro Pontífice. La italiana Franca Giansoldati, de Il Mesaggero, entrevistó al Papa Francisco en el año 2014.
“Si bien el antisemitismo es un signo de la ortodoxia, que tiende a presentarse, si no como una inspiración de la Iglesia, al menos como su emanación, me ha parecido de gran interés ir a ver, a este respecto, al guía supremo de la Iglesia, el que ata y desata, el piloto indiscutible de las conciencias católicas,” comienza su reportaje Séverine con una maestría envidiable. [Traducción automática de Google del artículo en francés, revisada.]
Además, lejos de enredarse en una entrevista (acaso haciéndola fracasar) preguntándole de cuanto asunto se le pudiera ocurrir de momento, como hacen los periodistas hoy día, la entrevistadora tuvo esa elegancia que desarma los exabrutos y reconoció que “la situación política del Papa lo aleja, y es comprensible, de todo debate donde su veto no sea inmediatamente necesario, de toda intervención susceptible de suscitar discusiones, polémicas, de agitar la irritabilidad de tal o cual poder, de tal o cual partido, fuera de las cuestiones estrictamente técnicas, que traten de puntos de dogma o de intereses de la fe.” En otras palabras, dice en su entrevista, “no me molesté en averiguar qué desaprobaba León XIII… ¡sólo qué no aprobaba!” Con esa sutileza logró extraerle, lo cual lo ponía de frente a todo un movimiento amplio y violento, que no aprobaba el antisemitismo.
El artículo de Rémy, publicado en la portada de Le Figaro, tiene fecha de publicación de jueves, 4 de agosto de 1892. Según la revista Aleteia del 24 de julio de 2020, la entrevista “suscitó una gran reacción a nivel político y diplomático, pues en esos momentos, Francia ardía con el polémico caso Dreyfus. Para quien no lo recuerde, se trata del escándalo por el juicio al capitán del ejército francés Alfred Dreyfus, acusado de alta traición y deportado, con pruebas falsas amañadas para condenarle. Pero lo que avivó la polémica es que una de las acusaciones contra él fue su origen judío, lo que desató una fuerte ola de antisemitismo en la opinión pública francesa, especialmente en los grupos de derechas, entre los que se encontraba la Action Française [monárquico] de Charles Maurras, a la que apoyaban muchos católicos. Séverine, junto con Émile Zola y otros destacados intelectuales, tomó la defensa de Dreyfus. E hizo mucho más: dado que muchos justificaban el antisemitismo de su postura apelando a la fe católica, la combativa periodista tuvo el coraje de ir hasta la cabeza de la Iglesia para preguntarle exactamente qué opinaba sobre el antisemitismo.”
Lo correcto, sin embargo, es que la entrevista es dos años anterior al comienzo de l’affaire Dreyfus en 1894. No obstante, la marea antisemita venía cobrando altura al menos una década antes hasta lograr un punto álgido en el caso Dreyfus.
En su resumen de la entrevista, Aleteia indica: “El Papa responde a las preguntas de la Rémy sin vacilar, recordando que Cristo no hace acepción de personas, y que el Papa de Roma protegió históricamente a los judíos del gueto. León XIII contaba entonces 82 años. (…) ‘Consideraría indigno e injusto atribuir al Santo Padre una sola palabra que no fuera rigurosamente exacta, e incluso exagerar lo que él ha querido responderme’, escribía la periodista en Le Figaro. ‘Aunque no dijo ni una vez ‘Yo culpo’, sí dijo diez veces en una hora ‘No apruebo’. Dejo a los católicos que extraigan de esta actitud la conclusión que les plazca”, añadía. Durante toda la entrevista, Séverine muestra un especial afecto por este ‘anciano tan conmovedor y augusto’, que ‘sólo levanta su mano para bendecir’. En un momento, le pregunta por la relación entre la Iglesia y el pueblo judío. “Cristo derramó su sangre por todos los hombres sin excepción, también por los que no creyendo en él, se obstinan en no reconocerle”, respondía el anciano pontífice. ‘La Iglesia debe recordarles la verdad’, le declara León XIII. ‘¿Con la persuasión o la persecución, Santo Padre?’, le pregunta ella. ‘¡Con la persuasión!, responde con vivacidad el Papa.’ En otro momento, el Papa insiste: ‘La Iglesia es una madre indulgente con los brazos siempre abiertos tanto para los que se van como para los que regresan. Y tiene la misión de defender a los débiles. Los impíos que la rechazan deben ser sus preferidos’.”
Podría ser obvio entre los cristianos de todo el mundo una actitud crítica hacia los judíos que crucificaron a su mesías, siendo Jesús judío y conocedor sagaz de sus escrituras. El problema es que no es tan sencillo como sumar uno más uno. Las escrituras cristianas destacan el papel de su Salvador de una manera distinta, pues, como es citado en Mateo 5:17, “No penséis que he venido para abolir la ley [judía] o los profetas: no he venido para abrogar, sino a cumplir[la].” Es decir, dar por terminada la espera del Mesías prometido. El mismo Jesús reconoce que él será el sacrificio del cordero, según la forma dispuesta por su padre, que “de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna.” (Juan 3:16) En ese sentido, no puede adjudicárse responsabilidad a los judíos por la muerte de Jesús, cuando sólo han realizado el mandato de Aquél que obra “por caminos misteriosos”. (Ecclesiastés 11:5)
Medio en broma, medio en serio, Umberto Eco (en De la estupidez a la locura), al problematizar la moda mundial de pedir perdón por hechos terribles acaecidos en el pasado, toma un ejemplo que nos concierne aquí. “[S]i el que ha hecho algo malo sigue vivo, pide perdón personalmente. Pero ¿y si ha muerto? Cuando Juan Pablo II pidió perdón por el proceso a Galileo, indicó el camino. Aunque el error lo cometió un predecesor suyo (o el cardenal Bellarmino), el perdón lo pide su legítimo heredero. Pero no siempre está claro quién es el legítimo heredero. Por ejemplo, ¿quién tiene que pedir perdón por la matanza de los inocentes? El culpable fue Herodes, que gobernaba en Jerusalén; por lo tanto, su único legítimo heredero es el gobierno israelí. En cambio, contrariamente a lo que acabó por hacernos creer san Pablo, los verdaderos y directos responsables de la muerte de Jesús no son los infames judíos sino el gobierno romano, y a los pies de la cruz estaban los centuriones, no los fariseos. Tras desaparecer el Sacro Imperio Romano, el único heredero que queda del gobierno romano es el Estado italiano, y por lo tanto será el presidente Giorgio Napolitano quien tendrá que pedir perdón por la crucifixión.”
Al Papa Leo XIV no le puede ser desconocido todos esos hechos de Leo XIII. Tampoco puede habérsele pasado por alto que a éste Pontífice se le ha tildado de ser el Papa “más antiamericano de la historia”, debido a las “desviaciones doctrinales” de los católicos de EE.UU. que eran “errores peligrosos” para la fe, y el liberalismo económico que explotaba a los trabajadores. Hoy día Leo XIV puede ver en esa sociedad otros problemas graves que no había antes.
Los padres del norteamericano Papa Leo XIV son, curiosamente, emigrantes franceses. Aunque sectores ultraconservadores en Perú, España y EE.UU. han intentado desacreditarlo por sus posturas relativamente liberales, los feligreses católicos en general parecen haber aceptado con buen agrado la designación del sucesor del trono de Pedro hecha por el cónclave cardenalicio. Aparte del debate teológico sobre si las designaciones papales son la expresión de la voluntad del dios cristiano, nadie pierde de vista que, en el mundo terrenal, por ser Prevost un fuerte crítico de las políticas públicas del presidente Trump, sobre todos las de inmigración y del capitalismo salvaje que promueve, su nombramiento fue un movimiento sorpresivo en el ajedrez de la política internacional, sobre todo porque el Papa es también un jefe de Estado y es estadounidense. La Iglesia Católica ha enviado un mensaje al mundo.
De todos modos, no es la primera vez que sucede una designación que muestre una postura clara de la Iglesia, sólo que en algunos de esos casos ha sido para apoyar regímenes autoritarios.
En su primera audiencia pública, Leo XIV mostró su preocupación por los acontecimientos en Gaza y ha pedido paz y ayuda humanitaria para la región. “Nunca más guerra”, incluyendo a la Ucrania invadida por Putin, habló el Pontífice semanas después de asumir el cargo, como quien arroja una semilla al aire, para que caiga “incluso donde es improbable que dé fruto”, ha dicho él mismo.
Con la misma estrategia diplomática de Leo XIII, quien no condenó expresamente el antisemitismo, pero “no lo aprueba”, Leo XIV está seriamente preocupado por las consecuencias de esa guerra. Pero las posiciones de Leo XIII y Leo XIV frente al antisemitismo no siempre han sido los de su Iglesia.
Una carta de un jesuita alemán enviada al secretario del Papa Pío XII en 1942 delataba campos de exterminio de judíos en Belzec, Auschwitz y Dachau, pero el Papa Pío XII pareció no inmutarse. Durante la Segunda Guerra Mundial, Pío XII emitió ocho encíclicas, y en ninguna de ellas denunció la persecución –a ese momento más que evidente, trágica– y exterminio de judíos y otros sectores políticos y minoritarios. En total emitió en su papado 40 encíclicas sin tocar directamente el problema del antisemitismo, aunque algunos en el Vaticano aseguran que “su política de silencio” fue para no exacerbar a las hordas nazis y fascistas italianas y proteger a la Iglesia Católica. Pío XII, como secretario de Estado del Vaticano, había negociado en 1939 con los nazis la protección de su iglesia. Fue electo Papa ese mismo año. Ese fue el mensaje de la Iglesia en aquella época.
Ya con la victoria de los aliados acercándose, Pío XII se decantó por la democracia, sólo que esta incluyó además de la forma republicana de gobierno, una monarquía, aquella que la aristocracia francesa y los conservadores antisemitas promovieron durante la época del caso Dreyfus. Un poco tarde y demasiado matizado ese decantamiento, escribió Camus el 26 de diciembre de 1944 en Combat, el periódico de la resistencia francesa. “Hace años que esperábamos que la mayor autoridad espiritual de estos tiempos quisiera condenar en términos claros las hazañas de las dictaduras… era la gran mayoría de los hombres la que esperaba durante todos estos años que se alzase una voz para decir claramente, como hoy, dónde se encontraba el mal. Nuestros votos secretos eran que eso se dijera en el mismo momento en que el mal triunfaba y las fuerzas del bien estaban amordazadas. Que se diga hoy, cuando el espíritu dictatorial se tambalea en todo el mundo, evidentemente nos alegra. Pero no queríamos sólo alegrarnos, queríamos creer y admirar. Queríamos que el espíritu se pronunciara antes de que la fuerza viniera a apoyarlo y a darle la razón.”, afirmó.
Incluso, esperaba una condena papal [Pío XII no eran entonces el Papa] en el momento en que Franco, en 1936, comenzó la toma del poder en España. “Hubiéramos querido que el Papa tomara partido en el mismo corazón de esos años vergonzosos, y denunciando lo que había que denunciar”, señaló Camus. La moderación papal, sin embargo, es “de doble filo. Hoy corren el riesgo de ponerse al servicio de quienes quieren conservarlo todo, sin comprender que algo debe cambiar. Nuestro mundo no tiene necesidad de almas tibias. Tiene necesidad de corazones ardientes que sepan otorgar a la moderación su adecuado lugar. No, los cristianos de los primeros siglos no eran unos moderados. Y la Iglesia, hoy, debería asumir la tarea de no dejar que la confundan con las fuerzas conservadoras. Esto es al menos lo que queríamos decir, porque nos gustaría que todo lo que tiene un nombre y un honor en este mundo estuviera al servicio de la causa de la libertad y la justicia. Nunca seremos demasiados en esa lucha”.
El problema profundo durante los años del Holocausto es que la Europa cristiana puso en peligro las propias doctrinas que le daban “valor” frente a otras religiones. Al menos, en términos generales, fueron ambiguas o calculadas. Arendt relacionó los hechos del l’affaire Dreyfus con la “Solución final” alemana, si bien, Stalin también tenía su propio programa de exterminio y deportación. Steiner ve un motivo racional “aunque asesino” detrás de ello: “librarse de una minoría cuya herencia y cuyo estilo de sentir las cosas hacía de ella un medio natural de oposición, de potencial subversión.” (En el castillo de Barba Azul) Mientras, revela la “indiferencia activa” de la mayor parte de la población europea, que “colaboraba sin conocimiento de causa” con el exterminio.
Israel no sólo está empantanado en su guerra en Gaza, con ataques esporádicos hacia (y desde) el Líbano, Siria, Yemen, sino que ha sumado en estos días (nuevamente) a la teocracia de Irán, que ha jurado rehacer de un día para otro el mapamundi desapareciendo a Israel. Irán también ha amenazado a EE.UU., al que llama “el Gran Satán”. Esa república islámica lleva una carrera desenfrenada para desarrollar bombas atómicas y por primera vez organismos internacionales observadores han denunciado que estaban a punto de lograrlo.
El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) reveló que Irán no ha cumplido con los acuerdos que limitan el uso del uranio y proliferación nuclear. Iran alega que es sólo para producir energía, como Francia, cuya producción de electricidad es 80% atómica. Irán ya anunció que abrirá una nueva planta de enriquecimiento de uranio. El asunto, sin embargo, es más grave que sólo argumentar a favor o en contra.
“Una resolución del organismo de la ONU para la energía nuclear señala que sus inspectores no han podido determinar que el programa iraní tenga fines exclusivamente pacíficos. El texto también acusa de falta de cooperación a Teherán,” anunció la propia ONU en su página digital Noticias ONU.
Según la publicación “[d]esafortunadamente, en repetidas ocasiones, Irán no ha respondido o no ha proporcionado respuestas técnicamente creíbles a las preguntas de la agencia”, dijo el lunes [9 de junio] el director general del OIEA, Rafael Grossi. “También ha intentado desinfectar los lugares, lo que ha obstaculizado las actividades de verificación de la Agencia”. Según Grossi, Teherán ha almacenado 400 kilogramos de uranio altamente enriquecido. “Dadas las posibles implicaciones de proliferación, la agencia no puede ignorar [esta situación]”, apuntó el titular del OIEA ante la junta directiva del Organismo.
Por ese hecho, y no es el primero, Israel atacó “preventivamente” el pasado 13 de junio en la madrugada infraestructura estratégica relacionada con el enriquecimiento de uranio iraní, en un operativo que llamó “León Ascendente”, y otros lugares en los que se reunían científicos militares con el jefe de la Guardia Revolucionaria, entre otros pretorianos. El nombre del operativo se relaciona con el antiguo escudo en la bandera iraní, un león con una espada y detrás suyo el sol. El operativo quiere simbolizar el deseo de muchos iraníes de regresar a un gobierno secular. La actual bandera de franjas verde, blanca y roja sustituye el león con un escudo de armas parecido a un tulipán, flor del país. Las palabras Allahu akbar (Dios es grande) en escritura cúfica del Corán, están en el borde de las franjas.
El papa Leo XIV se había reunido el pasado 19 de mayo con el ministro iraní Salehi Amiri, quien le indicó al Pontífice, a nombre de la Autoridad Suprema de Irán, Ali Khamenei, su “arraigada creencia” de que “todas las religiones divinas se basan en una sola verdad: una que llama a la humanidad a la dignidad, la compasión y la paz”. “Nuestro legado cultural sirve como un lenguaje universal de conexión”, dijo el ministro, según el Tehran Times. “En el mundo actual, este lenguaje es esencial para construir un futuro más humano y cooperativo”, agregó. “El Papa León XIV elogió la riqueza histórica y cultural del pueblo iraní, señalando que cuando la fe se expresa a través del respeto y el diálogo, ‘tiene el poder de transformar el mundo’. Acogió con satisfacción todos los esfuerzos que buscan acercar a las naciones y los pueblos,” indica el diario. Aunque, la palabra “diálogo” del Papa Leo XIV resulta ser la llave que abre la puerta a la razón.
Ante los sucesos de guerra recientes entre Israel e Irán, Vatican News publicó el 13 de junio expresiones del cardenal Dominique Joseph Mathieu, advirtiendo sobre las consecuencias de una escalada en las tensiones entre Israel y Teherán e hizo un llamado a la paz y el diálogo. “El cardenal Dominique Joseph Mathieu expresó su pesar por el reciente aumento de la violencia, que incluyó ataques israelíes contra objetivos iraníes, seguidos de un ataque con drones desde Teherán como represalia. ‘Con pesar, observamos en estas últimas horas, una vez más, que se busca la paz mediante ataques preventivos en lugar de comprometerse con el diálogo en la mesa de negociaciones’, declaró el arzobispo de Teherán-Ispahán de los Latinos,” con una velada crítica a los ataques de Israel.
Teherán reaccionó a los ataques con el lanzamiento de sobre cien drones contra Israel. Las conversaciones sobre un nuevo acuerdo nuclear entre Irán y EE.UU. se habían estancado luego que los iraníes anunciaran que no asistirán a la sexta ronda que debían comenzar el sábado 14 de junio, de las que finalmente se retiraron.
El 21 de junio en la madrugada EE.UU. atacó con bombas de alto poder y misiles las tres estructuras iraníes donde se trabajaba el enriquecimiento del uranio, destruyéndolas. El 22 respondió Teherán con ataques a Israel y luego a bases militares de EE.UU en el Oriente Medio.
En Irán, con una población de sobre 84 millones, hay alrededor de 22,000 católicos con distintas tradiciones cristianas, caldeas, armenias. El papa Leo XIV no se ha pronunciado sobre la escalada israelí-iraní, tampoco sobre el antisemitismo que se va levantando en el mundo por causa de la situación en Gaza, aun cuando ha pedido que se permita la ayuda humanitaria y un cese al fuego en la región. Tampoco se ha pronunciado sobre el reino del terror que tuvo el grupo radical Hamas en el margen occidental.
* * *
(revisado 21 junio de 2025)
