
Por Obed Betancourt
Una serie de Netflix jamás fue tan larga ni tuvo tantos giros inesperados como los sórdidos acontecimientos relacionados con Áurea Vázquez Rijos, la Viuda Negra. Se ganó el sobrenombre de “Viuda Negra” al conspirar para contratar a Alex Pabón Colón para que asesinara a su marido, el empresario Adam Joel Anhang, canadiense residente en la isla y joven multimillonario con socios en la isla, el 23 de septiembre de 2005, cuando murió apenas minutos después de pasada la medianoche del día 22. Fue sentenciada en marzo de 2019 a prisión perpetua junto a su hermana Marcia y el entonces novio de esta, José Ferrer, mismo nombre que llevaron con fama, orgullo y honor un actor oscarizado y un conocido profesor e intelectual, boricuas ambos.
El Primer Circuito federal de Apelaciones, en Boston, denegó en agosto de 2024 la petición de nuevo juicio de Vázquez Rijos al confirmar la sentencia del juez Daniel R. Dominguez, del Tribunal federal del Distrito de Puerto Rico. Intentaba un nuevo juicio argumentando prejuicios del juez, errores de derecho y otros asuntos. Sin embargo, la determinación del Circuito no fue revelada públicamente porque contiene la apelación elementos “confidenciales”. Sin duda, es otro twist entre tantos que han tenido los casos hermanos del inocente Jonathan Román Rivera (a quien se acusó originalmente de asesinar a Adam Joel) y la Viuda Negra, su hermana Marcia y el novio.
¿Elementos “confidenciales”? Nadie se lo esperaba. Excepto la defensa, los fiscales y los jueces, pocos saben cuáles son con especificidad esos elementos. Este es un nuevo giro de la serie. Ya es difícil verla de otro modo que no sea un espectáculo, ahora que mucho del dolor que han causado estos acontecimientos ha bajado su nivel intenso y puntiagudo, se van acostumbrando las familias involucradas a la ausencia o lejanía de sus seres amados y se han establecido nuevas rutinas diarias que evitan el recuerdo constante. Tampoco olvidemos que estos casos tienen una raíz compartida con la inexplicada muerte del abogado Carlos Cotto Cartagena.
¿Son esos “elementos confidenciales” información sobre investigaciones en curso sobre el asesinato de Cotto Cartagena o alguien relacionado con Adam? es una posibilidad, y de ser así, se comprendería la solicitud de mantener esa información en secreto.
Pero más extraño fue que el asesino confeso y testigo estrella contra la Viuda Negra, Alex Pabón Colón, violó conscientemente los términos de su probatoria permanecer encarcelado. Alex estaba en un halfway house en el estado de Carolina del Norte en preparación y transición para su próxima salida a la libre comunidad. Sin embargo, una juez emitió una orden de arresto contra Alex al violar las condiciones menos restrictivas que tenía en la institución, según alertó su oficial de probatoria. Este señaló que Alex provocó una pelea con funcionarios de la institución y con otro confinado.
El asesino, según citado por la prensa, dijo: “Yo era un gánster y ustedes no van a dormir por la noche. Soy un gánster de verdad y un asesino y ustedes no están seguros aquí, nadie está seguro”. Nervioso y agitado, le dijo a una oficial de probatoria de la cárcel a donde fue devuelto que no confiaba en ninguno de los oficiales de probatoria. Más adelante, su oficial de probatoria en Puerto Rico lo llamó y quedó sorprendido con lo que le dijo Alex, casi a las puertas de la libertad: “no quiero hablar contigo, solo méteme preso por los cuatro años que me faltan,” que se cumplen en 2028.
La conclusión del oficial de probatoria es que Alex no puede vivir en la libre comunidad, es peligroso para ella y para sí mismo, y solicitó que le sea revocada la libertad supervisada a la que tenía derecho y terminaba en 2028.
El 23 de septiembre de 2024 se cumplieron 19 años de aquella muerte y todavía es noticia relevante ese caso, que comenzó con una víctima fatal por causa de lo que inicialmente se creyó fue un robo en una oscura esquina de la intersección de las calles Luna y San Justo, en el Viejo San Juan (VSJ). Regresaban de cenar Adam y Áurea en ese hermoso restaurant que fue Dragonfly, en el área conocida como Soho, también desaparecida, que agrupaba una serie de restaurantes caros liderados por el más entusiasta The Parrot Club, (ya todos inexistentes) en los que se reunía el jet social de jóvenes adultos adinerados que entonces se hermoseaban entre ellos (pero hoy día todos envejecidos) y gastaban sus haberes en ricas cenas, mejores cocteles y mucha risa loca. La historia trágica de Adam, la desdichada de Áurea y la del entorno en que se movían es más la de la pérdida que la de una memoria a la que se apela cuando se enfrenta el futuro.
Esa noche Adam intentó, una vez más, llegar a un acuerdo definitivo de su divorcio con Auri, o Bibi, quien se resistía a recibir apenas unos miserables miles de dólares mensales sin dar un tajo durante algún tiempo. Habían ido a terapia de familia esa mañana; él, para que ella se convenciera de la inevitabilidad del divorcio y lo aceptara; y ella, para convencerlo de que debía permanecer con ella y sus encantos. Ya él había presentado la demanda de divorcio y retirado ese mismo día, intentanto un acuerdo negociado beneficioso que le calmara los ánimos y aspavientos de ella, quien siempre quería más, mucho más. Tanto más que prefirió al final del día asesinarlo y quedarse en herencia los sobre 20 millones que ella creyó que él poseía, sin saber que a veces Adam debía pedir prestado a su socio porque su dinero estaba invertido y no todo estaba en una vulgar y común cuenta corriente bancaria. Además, había deudas altas que pagar, entre ellas, el alto nivel de vida en que la mantenía a ella y su familia.
Era septiembre de 2005, apenas a seis meses del matrimonio (en marzo) que en sólo 90 días ya estaba disuelto cuando, como una iluminación, Adam descubrió que Aury no era confiable. O peor, le temía y llegó a pensar que “dormía con el enemigo”. “¿Has visto a una persona más infeliz que yo?” No era una pregunta a su socio que debía ser contestada. Fue una afirmación que hizo con ese grado de duda que tienen las peores verdades, de esas que se dicen mediadas por la entonación para que no muestren el desespero y mantener el respeto, el honor.
En el camino de regreso del restaurant lo mataron con un cuchillo de cocina y con un adoquín suelto en la calle, de aquellos que se utilizaban entonces para empedrar las calles destrozadas, irónicamente hechos en Italia específicamente para el VSJ, pero que tampoco durarían lo suficiente. El adoquín repetido y con fuerza casi le borra el rostro al joven, que muy ingenuo llegó a gritarle a Bibi “¡Run, baby, run!” Pero ella sólo despejó el camino del asesino. No fue un robo mortal sino una ejecución ordenada por ella. Tampoco fue cierto que el asesino convicto y condenado a cadena perpetua por la muerte de Adam, el joven Jonathan Román Rivera, fuese el asesino. Y así se van acumulando giros inesperados: el de la víctima que es la victimaria, el del acusado y convicto que es inocente, el del muerto que por más que desconfiaba, confió ese único día y pagó con su vida el error, el del padre de la víctima alejado de su hijo por prejuicios sobre la isla y luego penaría por su error, además de ser ahora objeto de rumores que impugnan su honorabilidad, el error de los fiscales estatales que prefirieron hacer cartel con una mentira y no con la verdad que tenían entre sus manos y hasta ocultaron prueba y al final fueron premiados, el de un jurado que, dudoso, se preguntaba qué pensarían en Canadá de Puerto Rico si ellos no condenaban a Jonathan, y el de un juez estatal que debió mirar con más profunda visión los hechos evidentemente torcidos que ante él desfilaban.
Tampoco fue un matrimonio por amor sino incitado por el interés de ella de salir definitivamente de la pobreza (junto a su familia), pues, como merodeadora del jet set, donde pavoneaba su altivez de exreina de belleza, vio la gracia burguesa y la piel tersa y húmedecida de sus chicas y sus joyas y casas y autos y vacaciones, viajes y la vida bucólica y las envidió. Y él cayó en la telaraña de esos placeres que su vida de ingenuidad y por nerdo se le habían negado. Meses después de la muerte intentó Áurea acceder a las cuentas y fue bloqueada por la familia del asesinado, así que en 2006 se fue a viajar a Europa para olvidar las penas que le causaba su gran amor asesinado y afincarse finalmente en Italia, aunque la realidad es que huía. Era judía y se ganó la ayuda de esa comunidad, se casó, tuvo hijos y otros líos, salió con un rabí, con un banquero, tuvo un hijo de una persona sospechosa de ser de la ‘Ndrangheta, la mafia calabresa, concebido en una cárcel de España, donde había sido arrestada para ser extraditada a Puerto Rico. Algunos creen que el embarazo fue planificado para dilatar la extradición, proceso que duró par de años.
Y llegó el 2015 a Puerto Rco y ella con el año. El juicio tardaba tanto en comenzar que le pregunté directamente a la entonces fiscal federal Rosa Emilia Rodríguez si se llevaría a cabo finalmente y por qué, en todo caso, no comenzaba. Pero para sacarle información oficial a los federales parece que uno debe entrenarse primero con algún inquisidor católico como Torquemada, tan diestro que fue sacando confesiones y verdades. En todos esos años (entre el 2005 en que Adam fue asesinado y se arrestó a Jonathan; en 2008 cuando Alex fue arrestado, se presentaron cargos contra los conspiradores y se liberó a Jonathan; en el 2013, en que se arrestó a Áurea en España; el 2015, cuando fue extraditada a Puerto Rico y el 2018, cuando comenzó el juicio), todo se deterioraba: el cadáver de Adam, la salud mental de Alex, la salud física de Jonathan, la belleza de Áurea, las esperanzas de Marcia y José, la paciencia de la familia de Adam, las energías de Carmen, madre de Áurea, quien cuidaba la niña, la salud del padre de Áurea y Marcia y Chalbert, quien ayudó a la fugitiva a sostener al menos un nivel miserable de vida de su hermana fugitiva en diversos pueblos de Italia y por lo cual también fue condenado con algunos años.
Durante el juicio en septiembre de 2018, murió el abogado Carlos Cotto Cartagena al precipitarse desde lo alto de un edificio en Miramar. Cotto Cartagena fue el testigo que en el juicio estatal en 2008 identificó, erróneamente, a Jonathan como el asesino de Adam y era tenido en buena estima por Abraham, quien pensaba entonces que, luego de tres años largos de la muerte de su hijo, se haría justicia. No sabía todavía que tendría que esperar una década completa adicional para que comenzara el juicio contra los verdaderos autores del asesinato.
Áurea confiaba en que el testimonio de Cotto Cartagena la ayudaría a obtener una decisión favorable del jurado y quedar finalmente en libertad. Aunque la realidad era que Cotto Cartagena sólo podía dar un testimonio equivocado, pues no era un testigo confiable. Era, con certeza, un testigo mendaz y eso sería levantado por los fiscales federales una y otra vez en el juicio. Sencillamente, no se le podría creer lo que dijera, aunque fuese alguna verdad. Sería hartamente improbable que lo utilizaran para impugnar la confesión autoincriminatoria de Alex Pabón Colón. ¿Afirmaría una vez más que Jonathan fue el asesino, no Alex, y por tanto este no podía imputarle a Áurea et al ser los masterminds que lo contrataron? Si el jurado le creyese sería el fin del juicio. Pero, realmente, tenía poco standing como testigo de refutación de Alex. Entonces, ¿para qué sería utilizado? ¿Acaso sabía algo sobre Abe que pudiera perjudicar el juicio contra Áurea? No sabemos, no es improbable, pero en ese juicio sólo podía desfilar prueba sobre hechos materiales y pertinentes a la conspiración y el asesinato de Adam. No se permitiría un testimonio sobre personas no acusadas o hechos no directamente relacionados. ¿Qué otra cosa, que no fuese hear say, podría decir? Otro problema con ese testimonio es que la propia Áurea ya había descartado a Jonathan como el asesino.
El hecho es, sin embargo, que Cotto Cartagena murió de una manera extraña y la Policía de Puerto Rico investiga esa muerte desde septiembre de 2018 sin llegar a esclarecerla aún. Una de las personas entrevistadas por la Policía fue Áurea, quien cree que fue un asesinato ordenada por Abraham cuando este se enteró de que era un posible testigo y habría pensado que podría perjudicar lo que desde un inició lució como una segura convicción. Pero Abraham es abogado y debía saber lo poco probable que ese testimonio pudiese arrojar sobre hechos pertinentes al caso. No creo que fuese utilizado tampoco como testigo de reputación, pues, ¿de quién? A menos que fuese a hablar de Abe, si es que alguna tramoya ocurrió entre ellos cuando Cotto Cartagena servía de testigo en el juicio estatal. Pero Abraham ni Cotto Cartagena fueron acusado de nada.
Otra persona entrevistada, por el FBI en Italia, fue Franco Posca, el detective privado italiano que se mantuvo tras las huellas de Áurea en ese país, contratado por Abraham. No ha trascendido que algún fiscal estatal lo haya entrevistado. Pero recientemente Franco ha declinado entrevistas o conversaciones sobre estos asuntos “que no sean oficiales”. Franco, conocido también por su apodo “Farouk”, dejó de respetar a Abraham por varias razones, lo consideraba un inmoral y hasta supuestamente le quedó dinero a deber. De nada de esto ha trascendido evidencia. Son pequeñas subtramas en la serie que se van abriendo y cerrando sin mayores consecuencias públicas, pero van determinando subterráneamente los distintos cursos de las investigaciones y subiendo la intensidad del relato.
Farouk se negó a venir a Puerto Rico como testigo de defensa de Áurea porque “temía -según me dijo- terminar como Cotto Cartagena”. Áurea se comunicaba consistentemente con él mientras estuvo encarcelada, convencida de que él sabía que ella era inocente. Farouk, aunque tenía muy mala impresión de Áurea, dudaba de que esta tuviese la capacidad de organizar una conspiración para asesinar a Adam. Pero esa capacidad sí se la adjudicaba a la madre de Áurea, de quien tenía una peor opinión y consideraba que tejía los hilos de los acontecimientos. El problema con esta teoría es que en la reunión en el restaurante El Hamburger el 21 de septiembre de 2005, en que se decidió matar a Adam y de qué manera, Carmen no participó, pero sí estuvieron Áurea, Alex, Marcia y José porque peligraba la vida -inimaginada en sus mejores sueños- que llevaban si no lo mataban. Como dato curioso, Cotto Cartagena murió un 21 de septiembre de 2018. La mala suerte aparejada al número 13 a veces se hace real.
La entonces fiscal Rodríguez negó que hubiese más personas que los acusados involucrados en el asesinato de Adam. No obstante, una fuente me había revelado que Doña Carmen no fue imputada porque alguien de la familia debía quedar en pie para atender a su esposo enfermo y a la hija de Áurea en Puerto Rico. Sus gemelos habían quedado bajo la custodia de su padre italiano en Italia, quien se divorció de Áurea tan pronto supo de qué se le acusaba. Por cierto, es igualmente falso que ella fuese judía, sólo fue una estrategia para lograr algún apoyo en un país (Roma, más bien) que logró dominar todo el occidente europeo por más de 400 años y aportó a lo que somos hoy día, entre ellos el lenguaje (como deterioro de lo que fue el latín) y cierta forma de mirar las cosas con mejor orden, como la Ley de las XII Tablas.
Pero Farouk dice saber más. Alega que el FBI y Abraham intentaron sobornar con un millón de dólares al gobierno italiano para que se permitiera la extradición a territorio estadounidense. Supuestamente, más que por los argumentos de derechos humanos que se alega levantó el gobierno italiano para no extraditar a Áurea (ese de no entregar a una persona que pudiese enfrentar la pena de muerte en el país a extraditar), la verdad podría ser que el intento de soborno levantó en el gobierno italiano barreras de orgullo nacionalista y de honor ante la insinuación del FBI de que eran sobornables, como si de mafiosos se tratase, y causando una seria indignación.
Algún plan para secuestrarla en Italia y traerla a Puerto Rico fue considerado, como se hizo en el caso de los asesinos del agente encubierto de la DEA Kikí Camarena, en México, que fueron secuestrados y puestos ante un tribunal federal. Pero esta idea se desistió por las complicaciones operativas y porque las repercusiones diplomáticas serían mucho más desastrosas. Esto fue algo que deduje con cierto grado de confiabilidad durante una conversación con un funcionario federal de seguridad de alto rango, no fue una aseveración que se me hizo.
Entonces, ¿qué asuntos o hechos “confidenciales” contiene la determinación del Circuito de Apelaciones en Boston que no permite revelarlas, así sin más, sino con el debate previo entre las partes? ¿Será que hay detalles de investigaciones que van corriendo? Áurea asegura que Abraham ordenó la muerte de Cotto Cartagena, aunque no lo sabe por propio y personal conocimiento, sino porque cree conocer y entender a los personajes que han estado ligadas a su vida, sobre todo en los últimos tiempos en que fue pareja de Adam y los subsiguientes días de su separación. Gente que ella odiaba, gente que la odiaba a ella. Farouk está al tanto de todo eso, por voz de Áurea. También dice saber del alegado intento de soborno al gobierno italiano y tiene una pésima opinión sobre Abraham, a quien cree capaz de muchas cosas. Ni la Policía ni el FBI investigaron los rumores sobre si Abraham benefició a Cotto Cartagena por su testimonio en la corte estatal contra Jonathan, y luego lo despreciaría por su posible testimonio en la corte federal en el caso contra Áurea. Áurea también le imputa a una mafia de empresarios haber matado a su esposo. Pero también ha dicho que cuando iban de regreso por la calle Luna hacia su auto, antes de que lo asesinaran, iban tomados de la mano, mirando la Luna y la estrellas mientras se juraban amor eterno entre risas y caricias. Yo también soy una víctima, le dijo al jurado durante el juicio, perdí a mi marido a quien tanto amaba.
Ahora bien, puedo admitir que me duele mencionar el nombre de Abraham y el de su familia. Han agonizado por la muerte de Adam desde entonces y ahora surgen insinuaciones fuertes contra Abraham. Son testimonios que no me constan más allá de las revelaciones que me han hecho, entre ellos Farouk, que es una persona íntegra y honorable. Entonces, lo que queda es esperar que surja la prueba. Yo me entrevisté con Abraham luego de publicar la crónica investigativa sobre estos hechos Las sangres que lloran, en 2015. Me criticó la personalización que hice de Adam, con sus fortalezas y sus debilidades. No le gustó para nada que lo pintara a él y su familia, y a Adam, más judíos de lo que realmente es la familia, pues no son fanáticos ni militantes ni particularmente religiosos. Sólo personas comunes y corrientes. No creo que yo cometiera ese error, aunque fue obligado contextualizar sus orígenes. Tampoco le gustó, según entendí, que evidenciara ciertos problemas de personalidad de su hijo. Pero esos problemas los tenemos todos y forman parte de las decisiones que cada día tomamos. Y Adam tomó algunas basadas en esas deficiencias.
Sólo sabremos este próximo 15 de agosto algunos de estos posibles elementos si el Circuito de Apelaciones no es convencido de mantenerlos “confidenciales”. Un exfiscal federal y analista en varios medios de comunicación sostuvo que ese tribunal no debe afectar los derechos de terceros no involucrados (como Abraham y otros) en el caso y hasta de algunos involucrados, como revelar públicamente el expediente médico o siquiátrico de Alex. Tampoco debe revelar posibles investigaciones en curso que pueden estar mencionadas, con nombre y apellido de los investigados que no han sido imputados de nada, pues se les debe proteger su reputación Así que es posible que alguna de las partes levante ese asunto y todo se mantenga confidencial.
Pero, aun cuando el panel de tres jueces tome cualquier decisión al respecto, este juicio no se ha acabado, al menos técnicamente. Señaló el exfiscal federal que la decisión del panel de desestimar la apelación de Áurea y confirmar la sentencia fue 2-1. Ese voto disidente hubiera devuelto el expediente al Tribunal de Distrito de Puerto Rico para que se iniciara un nuevo juicio. Todavía le queda a la defensa otra oportunidad, la de solicitar una vista oral ante el pleno de jueces de ese Circuito Apelativo, aunque no está obligado a concederla, y así el dolor continuaría siendo alargado hasta que se disipe y no quede nada de él y sólo veamos a las víctimas moverse empujadas por la ley o como autómatas, resignadas y obligadas a recordar su tragedia, cuando lo que necesitan para seguir viviendo es olvidar.
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